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Alimentos y tecnología: ¿cómo se combinan?

tecnología y alimentos

Como todo lo que evoluciona, la tecnología tiene un papel fundamental, también en lo que a alimentos se refiere. Detrás de todos los cambios y avances que se han logrado en los últimos años dentro del ecosistema culinario, existe un compromiso por un mundo más sostenible y menos contaminante.

La industria alimentaria, tradicionalmente, ha sido una de las más contaminantes del mundo por su alta emisión de gases invernaderos y por los desechos que se producen en los procesos de producción y post producción. En este campo, la tendencia técnica que combina la ciencia con la preservación de alimentos se ha trasladado a todo tipo de comidas y culturas, desde carnes basadas en elementos biodegradables en sociedades más carnívoras, a lo más transversal: el agua. Algunos de los inventos que fusionan la tecnología y lo comestible a la perfección son:

La burbujas de agua biodegradables

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El 19 de julio de 2020, National Geographic publicó un estudio que condensa datos relevantes y preocupantes acerca del plástico en el mundo. Dentro de ellos, se expresaba que cada un minuto se venden un millón de botellas de plástico en el mundo o que cada botella tarda unos 450 años en descomponerse.

Con el objetivo de reducir la contaminación terrestre y el consumo de botellas de plástico, diversos laboratorios se han propuesto reemplazarlas de alguna forma e inventaron las burbujas de agua envueltas en una membrana biodegradable y comestible compuesta de un extracto natural de algas. Si bien este producto ha empezado a  aparecer en diversos puntos del mapa europeo y estadounidense, aún no es popular a nivel mundial. La producción de cada cápsula es de 1 centavo cada una, pero aún faltan muchas cuestiones que resolver en las fases de higiene y distribución, y es por ello que aún no están siendo comercializadas.

El laboratorio inglés Skipping Rocks Lab, fue uno de los pioneros que creó las cápsulas de agua potable “Ooho!”. Utilizaron diversas técnicas, similares a las utilizadas en caviar falso o té comestible para obtener diversos beneficios, como una biodegradación de 4 a 6 semanas y la posibilidad de contener todo tipo de líquidos, como zumos o licores.

Envases activos

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Esta  innovación en materia de envases, aunque cueste creerlo, es más rentable y más eficaz a la hora de preservar un alimento en buen estado. Si bien se trata de virar hacia este tipo de bandejas, tapas, etiquetas y platos en el futuro, los paradigmas sociales aún son difíciles de cambiar. El verdadero desafío será convencer al consumidor de que en lugar de comprar leche en un recipiente de cartón, lo haga en una botella.

Los beneficios de los envases activos consisten en  preservar la seguridad y calidad del alimento alargando su vida tras insertar una sustancia o un elemento activo en el producto mismo. Además, según la forma en que se relacionan con los alimentos, existen tres tipos de envases activos con diversas funciones: absorbentes, emisores y reguladores.

Una de las principales ventajas de utilizar este producto es que, al conservar mejor y por más tiempo los alimentos, se reduce el desperdicio. En esta línea, los materiales con los que se producen estos envases gracias a la presión social y a la rentabilidad de los productos de fabricación tienden a ser reciclables, precisan de menos elementos a la hora de producirse y son reutilizables. Todo en pos de velar por la reducción de contaminantes.

Recubrimientos comestibles

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Escondida y silenciosa, esta tecnología ya está presente en ciertos productos, como en las frutas y verduras. Es muy probable que hayas consumido este tipo de recubrimientos en tu fruta sin que te hayas dado cuenta, y ese es el objetivo. Sin que el que consumidor lo note, los alimentos, especialmente los que poseen un deterioro veloz, son más propensas a poseer este tipo de “envoltorios”.

Las funciones de los recubrimientos comestibles se basan en, por ejemplo, proteger del oxígeno o de la humedad para hacerlos menos perecederos. ¿La mejor parte? A este protector, además de ser perfectamente comestible, se le pueden añadir colorantes y saborizantes para resaltar el gusto y enriquecer los alimentos.

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